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miércoles, 18 de mayo de 2016

Pastoral y Praxis Social

Pastoral y Praxis Social
Por Gildo Tuanama


Hacia Una Pastoral Más Excelente y Con Reconocimiento Social, Una Perspectiva Wesleyana.





















Hacia Una Pastoral Más Excelente y Con Reconocimiento Social, Una Perspectiva Wesleyana.
Ensayo escrito por el Ps. Gildo. Fecha: Febrero del 2004. Revisado Enero 2010.
Ocasión: Reflexiones sobre Diplomado en Ciencias Políticas, Mención en Cristianismo y Sociedad

¡Pastor! qué me aconseja: ¿Ir primero a la universidad  y luego  prepararme en el Seminario Teológico? En mis 15 años de ministerio pastoral, he recorrido varios lugares e iglesias, en ocasiones para dar conferencias de carácter juvenil y en otras como ponente de otros temas, pero siempre relacionado con la tarea ministerial.

Como pastor y como observador de la realidad social, de las muchas preguntas que me plantearon  siendo ponente en muchas conferencias  juveniles, la que más veces me la hicieron fueron aquellos de carácter sentimental y esto: ¿Pastor, si soy llamado por Dios debo ir a prepararme a un seminario teológico o más bien  debo hacer una carrera universitaria y luego prepararme en un seminario teológico? Debo admitir que mis consejos en los primeros años de pastor, apuntó: “Si Dios te ha llamado amado joven,  es mejor ir a prepararte en el seminario para poder servirle mejor...”, la clásica respuesta que he oído tantas veces. Yo mismo, recomendé a estudiar a algunos que adujeron ser “llamados “por Dios y más tarde 2 de ellos lo abandonaron todo  para hacer una carrera universitaria.

Para algunos, estudiar en un seminario es responder al llamado de Dios para el servicio santo en  el ministerio pastoral, para otros es prepararse para servir al Señor en algún ministerio y para otro grupo de “inseguros de su llamado” es para “probar”,” darse cuenta “y saber con seguridad cuál es la carrera  a seguir, una especie de “prueba de fuego”, si va o no va con esta vocación.  Personalmente considero que el contexto social en la que la iglesia está rodeada exige una pastoral acorde con las demandas de la misma y siento la necesidad de reflexionar como nazareno de tercera generación y como pastor.

Mi percepción deviene principalmente del análisis histórico, de la experiencia pastoral y del contexto inmediato donde como pastor desarrollo mi tarea vocacional. ¿Por qué es necesaria una pastoral acorde con los cambios sociales? Plantearé 4 razones:

1.    Primero: Vivimos en una sociedad donde cada vez existe gente altamente preparada: maestros, doctores, economistas, técnicos etc. cuyos estudios universitarios tienen reconocimiento estatal con valor oficial con título a nombre de la nación y revalidados en algunos países donde existe un convenio bilateral y la que emiten nuestros seminarios y firman nuestros líderes de educación teológica no, la del pastor no tiene validez oficial, más que al grupo denominacional al que pertenece. ¿Sucede lo mismo con centros teológicos nazarenos  americanos?

2.    Segundo: La Concepción equivocada de algunos “pastores”: Ir a una iglesia con buen templo, linda casa pastoral, buenas oficinas, con buen sostén económico, etc. La idea burguesa del ministerio es un fenómeno que atañe no a pocos y a falta de esto, no se atreven a pastorear iglesias “chicas” que no reúnen los requisitos y ante esta carencia optan por estudiar una carrera o simplemente refugiarse en otra profesión, todo el estudio teológico “se va al agua” al encontrarse en esta encrucijada.

3.    Tercero: La falta de dinero: Uno de los problemas muy latentes es la falta de medios económicos para el sustento familiar cuando la economía de la iglesia es poca. Los hijos sufren esta situación y muchos hijos han renegado del ministerio por estas situaciones. Hay pastores que tienen buenas iglesias y no tienen este problema, pero también los hay aquellos que “viven por fe” y hasta dan lástima, y los que tienen son poco generosos con los que no tienen, este es una cruda realidad. Un gran número de jóvenes pastores rechazan aperturar una nueva “obra”, por falta de medios económicos.

Algunos sólo terminan a duras penas su año de práctica. ¿Quién  los mantiene? ¿Quién les compra ropa para vestirse? Puesto que levantar una iglesia implica invertir dinero, tiempo talentos, etc
Un análisis serio, producto de mis  indagaciones con algunos de nuestros líderes demuestra que en el año de práctica pocos son los pastores que se quedan en sus respectivos lugares donde son asignados, sobre todo aquellos quienes estuvieron en zonas rurales distantes de alguna ciudad. La mayoría de pastores desean pastorear en una ciudad ¿Por qué? Probablemente hay muchos factores, uno de ellos es esto: poco sostén económico de la gente del campo, en muchos casos sólo tienen para  comer y vestirse, esto para los solteros y ¿qué diremos de los casados? ¿Y de aquellos que tienen hijos? ¿Cómo educar a sus hijos? ¿Cómo implementar su biblioteca? La frase “vivir por fe” muy peculiar y tradicional del pensamiento cristiano, hoy tiene otro enfoque de interpretación, debemos reinterpretarlo a la luz del contexto  y de la circunstancia de la tarea pastoral.

A lo dicho podemos agregar, que algunos pastores francamente tienen lo suficiente para vivir, desde una casa, automóvil, costearse unas buenas vacaciones, acudir a buenos congresos de actualidad pastoral, seguro de salud, pensión de jubilación, movilidad etc. Hay una especie de “clases” en el ministerio, si lo enfocamos desde la perspectiva del sostén económico. Los pastores que ministran en grandes iglesias tienen mejores oportunidades  que los que no “ganan” mucho, otros en cambio tristemente dan lástima aunque es encomiable su amor a Dios. Es decir existe una desigualdad económica en los ingresos de los pastores y no se hace nada para remediarlo, esto me parece en pleno siglo 21 una injusticia social-ministerial que hay que denunciar y corregir si es que predicamos la santidad cristiana, pues la injusticia social se opone  a la santidad. Conversando con algunos colegas y reflexionando sobre esta realidad, concluimos que  este es  un problema que atañe a la gran mayoría de pastores y líderes distritales. Los pastores que tienen buenos ingresos: razonan que Dios les bendice por que se sacan la mugre trabajando y que aquellos que ganan poco hablando en términos económicos es por flojos. ¡Que sufran! Pues son los gajes del ministerio, hay que pagar derecho de piso. Así empecé, me dijo uno de ellos. ¿Podemos contrastar estas afirmaciones con las aseveraciones de la  experiencia ministerial del gran apóstol Pablo? Fil-4:11-12,17-20 ¿Eso dijo Pablo cuando envió a Timoteo a Efeso y a Tito a Creta a trabajar en el ministerio? Leamos en  2 Tm. 5:17-18. Creo que no. “Nuestro Dios condena la injusticia venga de donde venga; aquella que surge del Egoísmo del ser humano y se hace descontrolada y que se emparenta con los  Intereses político y religiosos de los grupos de poder” 1.
Si  somos predicadores de la justicia este tema es un caldo de cultivo para reflexionar, qué hacer para unificar el sostén de los ministros, teniendo en cuenta las grandes desigualdades económicas en la pastoral nazarena contemporánea  y lo que  el salmista nos enseña: “La justicia y la paz se besaron” 2, es decir  éstas van unidas.

Escuché de un colega que se acercó a un superintendente para pedirle dinero para comprar una cama y colchón para dormir, pues dormía uniendo 2 bancas en el templo. El súper respondió: “Todos pasamos en algún momento estos problemas, así es el ministerio”. Pero nuestra reflexión apunta a ¿Qué tenemos que hacer para que esto no se repita? Para que el pastor viva una vida digna y por lo menos duerma bien ¿Y qué le respondiste? Me atiné a preguntarlo. Mi respuesta  fue lo siguiente adujo: “Con el respeto que te mereces mi pastor, estás 15 años en el liderazgo y casi nada ha hecho para tratar de solucionar este problema”. Este es una cruda realidad que atañe a nosotros los pastores y líderes y debemos de hacer algo para solucionarlo, los pastores nazarenos del siglo 21 tienen que ser distintos empezando por el valor de la persona y del ministerio que ejerce.
Por otro lado hay una creciente emigración a las ciudades en busca de mejores oportunidades por este factor. Felizmente son los pastores oriundos de cada pueblo, gracias a la descentralización de la educación teológica y muy  conscientes del llamado del Señor, quienes están asumiendo su liderazgo en estas parroquias distantes.

4.    Infraestructura Inadecuada. Otro de los problemas que se enfrenta el ministro es ir a pastorear a una iglesia sin que tenga casa pastoral o si lo tiene no reúne los requisitos básicos para poder vivir tranquilamente y que el pastor se dedique sólo al trabajo ministerial. Hay mucha infraestructura inadecuada en nuestras iglesias y muchas veces el pastor tiene que levantar capillas, casas pastorales a como dé lugar con la ayuda de Dios y los hermanos y en ocasiones endeudándose personalmente, algunos solo tienen un cuartito pequeño de quinchas, algunas veces la cama ha sido remplazada por 2 bancas de la iglesia. Es el trabajo del Señor y personajes como Moisés, Pablo etc., también lo experimentaron 2 Co. 11:28-29. Y estos problemas afectan al ministro. Jorge Whitefield hacia el final de su vida declaró: “No estoy cansado de la obra de Dios, pero sí cansado en la obra de Dios”3


¿Qué hacer? ¿Cómo hacer una pastoral más excelente y ser “Reconocidos” socialmente?

Tratando de contestar a estas interrogantes y con el desafío de motivar a la nueva generación de nazarenos y estudiantes de teología, estoy de acuerdo de que si son llamados por Dios, primero estudien una carrera que complemente su vocación pastoral o en todo caso habiendo culminado sus estudios teológicos perseguir una carrera (si es factible) porque considero que es mejor servirle a Dios y a la comunidad estando mejor preparados. Así lo entendió San Pablo, por ello no descuidaba sus pergaminos, así nos inculcaba nuestro querido Rector del Seminario, el Rvdo. Ernesto Lozano, eso es lo que me inculcó el misionero Larry Garman,  eso lo predicaba mi amado pastor: Rvdo. Roncal,  eso es lo que Wesley predicó y fomentó, lo cual es nuestro legado. Mc Kena, David, en su libro: “Wesleyanos en el siglo 21” dice: “Los Wesleyanos son personas dedicadas al aprendizaje durante toda la vida,  con el Espíritu Santo como maestro”
Al estudiar las raíces históricas del protestantismo, nos damos cuenta que el enfoque revolucionario que produjo era debido al poder espiritual morando en ellos y a la preparación de los líderes del momento, eran altamente capacitados: Lutero, Calvino, Knox, Swinglio, etc.
La herencia reformada del siglo 16 es parte esencial del cristianismo evangélico, en sus primeros años de expansión produjo un impacto espiritual en todas las esferas de la sociedad a donde llegó, gracias en gran parte al acervo cultural e intelectual de sus líderes.
Cabe resaltar que el Movimiento de Santidad al que pertenecemos como nazarenos “cuyas expresiones más significativas se remontan al movimiento pietista de la Inglaterra del siglo 18 y que más tarde llegaron a su máxima expresión en los Estados Unidos del siglo 194, los líderes eran altamente instruidos, así tenemos a: Juan Wesley, Carlos Wesley, Jorge Whitefield, Moody, Jonatán Edwards, etc. Wesley mismo era altamente capacitado de él se dice lo siguiente:
 Dedicaba los lunes y martes a los estudios griegos y latinos, los miércoles a la lógica y la moral, los jueves a las lenguas hebrea y árabe, los viernes a la metafísica y la filosofía natural, los sábados a la retórica y la poesía, y los domingos a la teología. Reservaba también tiempo para el estudio del francés y de las ma­temáticas. Al comunicar a su madre este plan de estudios, añadió que, después de reflexionar mucho, convenía con ella en que hay verdades que no merecen la molestia que algunos se toman para conocerlas. “Si tuviéramos delante unos cuantos siglos de vida, podríamos muy bien dedicar algún tiempo al estudio de estas bagatelas curiosas; pero, siendo tan efímera esta existencia, sería malgastar el tiempo em­pleando de él una parte considerable en cosas que no han de traer provecho inmediato y seguro.”5

No sólo la lectura y el conocimiento bíblico de la fe, es la herencia o aporte de Wesley a nuestra pastoral. También vemos en sus enseñanzas un desafío para nuestra  generación juvenil, el amor por la preparación en otras áreas del saber humano. Tenemos que rescatar esa pasión que Wesley tuvo por otros libros. Necesitamos cuadros cristianos altamente competitivos en nuestra sociedad de hoy,  que actúen como catalizadores en medio de esta sociedad dominada por el pecado, como pastores debemos fomentar esta práctica en nuestros jóvenes de hoy.
Con esto no estoy afirmando que los “pocos preparados” no pueden hacer la diferencia en su comunidad, claro que Dios los usará de acuerdo a sus capacidades pero insisto: es mucho mejor servirle al Señor estando mejor capacitados para esta tarea, con una carrera afín al ministerio pastoral y que ante el “ojo” de los investigadores sociales la palabra “pastor” tenga un alto reconocimiento, no sólo por el testimonio ético y la  vida espiritual sino también por la calidad de la educación que el título pastor requiere.
Todos estamos de acuerdo que ante Dios tenemos un alto reconocimiento por servirle, somos: Ministros, Embajadores, Sacerdotes Reales…, pero ante la sociedad en muchas áreas geográficas, el pastor es nada y hay que cambiarlo. En la medida que estemos mejor equipados, seremos una alternativa para los múltiples problemas que en nuestra sociedad impera, incluso en el área económica familiar, pues teniendo una profesión y/o un trabajo alterno paliaría en parte y por qué no todo, los pocos ingresos que muchos pastores obtienen. En este sentido, estoy de acuerdo con el ministerio bivocacional, si es que las iglesias no pueden cubrir la carga familiar de sus pastores.
Pablo es un ejemplo Y si el pastor no tiene una carrera afín, ¿Habrá que ir a vender pescado, vender queso, etc? Puede ser, pero otro será si ese pastor es un economista, profesor, ingeniero, abogado, administrador y mejor concepto y relaciones tendremos en nuestra sociedad.
Pero además, es triste enterarse que  a lo largo de el historial ministerial nazareno que algunos siendo doctores, máster en teología se quedan sin iglesia, no hay trabajo para ellos, la clásica respuesta que escuche es: “Que levante una iglesia de cero, si es que Dios lo ha llamado” ¿Y cómo se educa a los hijos?¿Alimento para ellos?... hasta que se tenga estabilidad económica, he ahí el  problema, pues nada garantiza tener estabilidad laboral ministerial por más títulos eclesiásticos que tengamos.

Ser la sal de la tierra y la luz del mundo, debe entenderse que como pastores en la praxis debemos ser diferentes y hacer la diferencia, no sólo en lo espiritual pero también en lo intelectual y social. El pastor debe ser reconocido no sólo en su iglesia, también en su comunidad, debe ser capaz de presentar proyectos alternativos de solución (praxis social) ante los múltiples problemas sociales que le afectan (pero lamentablemente tenemos  estas limitaciones)

Me atrevo a sugerir que, lo antes posible, nuestras instituciones teológicas deben permitir el examen de admisión para el ingreso  de los estudiantes y los pastores recomendar sólo después de una minuciosa observación de su llamado, es más, nuestros líderes deben esforzarse por reforzar el currículum de educación teológica y el mismo reglamento interno de nuestra alma mater  acorde a los cambios sociales que la pastoral requiere y lograr el reconocimiento universitario y el valor oficial que tanto nos hace falta por las razones esgrimidas. Con esto se logrará una preparación de primer nivel de los futuros pastores, mejor prestigio social y una pastoral  mucho mejor estoy seguro, aunque nada garantiza un crecimiento cuantitativo de la feligresía por más preparados que estemos

Los misioneros que llegaron en el siglo pasado, nos enseñaron “cómo ir al cielo”, pero no nos enseñaron cómo vivir en la tierra, en el sentido de qué hacer frente a una pastoral carente de: casa pastoral, infraestructura eclesial inadecuada, feligresía en extrema pobreza, falta de dinero, nepotismo, compadrazgos, ambición de poder, ética cristiana, etc., tampoco qué hacer ante las realidades sociales imperantes: la corrupción de nuestras autoridades, abusos de poder, la democracia, la ética pública, la vigilancia ciudadana, el desempleo, la participación cristiana en la política, etc.

Todos sabemos y coincidimos que la iglesia debe cumplir su rol profético, tal cual lo hizo Jesús, denunciar los abusos de poder, la corrupción sistémica y no tener una actitud sumisa y de automarginación frente a la problemática social, sino  que como líderes ayudar a construir la casa (nuestra sociedad) y si la casa está “sucia”, hay que agarrar la escoba y ponernos a limpiarla.
En palabras de Ismael Amaya se expresa: “Evangelismo sin preocupación social es un cristianismo hipócrita; pero preocupación social sin evangelismo, no es cristianismo”6

Amaya expresa una realidad que “duele” y debe dolernos en la medida que reconozcamos las implicancias sociales “pobres” de nuestra predicación.
Personalmente creo en la teología de la liberación (no en la forma que predica el padre Gustavo Gutiérrez), y abogo por una pastoral integral, pero para que lleguemos a este objetivo, necesitamos las herramientas necesarias, a eso apunto cuando  digo que el pastor debe ser un hombre “altamente preparado” en alguna rama científica o técnica y partiendo de su preparación teológica científica y/o técnica, presente alternativas que incidan en un cambio social para “liberar” a muchas personas de la esclavitud del pecado pero también de la extrema pobreza, del abuso del poder etc. en el lugar donde pastorea.

Wesley dijo: “El mundo es mi parroquia”, y su visión fue  una pastoral del templo para afuera, no sólo predicar el kerigma. Sus seguidores llamados “metodistas” o “el club santo”, se involucraron en áreas de desarrollo social y político, la historia  habla de muchos de ellos, pero citaré dos casos que se dieron en el Perú que tienen relevancia social hasta hoy: Francisco Penzotty7 y Teodomiro Gutiérrez Cuevas8, el primero encarcelado 8 meses en el Real Felipe por sus convicciones y el  segundo defendió a los indígenas del abuso de los latifundistas. Fueron los indígenas quienes lo pusieron el apelativo de “El general Rumi Maqui” (Mano de piedra en quechua)9, por su gran labor social y política en defensa de los indios de Chucuito Puno en 1915.
 
Mi intención al escribir este ensayo es motivar a la nueva generación de nazarenos a tener un enfoque distinto de la  pastoral en un mundo más competitivo, con mejores herramientas, para llegar a la excelencia. Creo que como pastores y teólogos debemos ser abiertos y tolerantes a las sugerencias, a la crítica, al diálogo, para mejorar nuestro enfoque de trabajo pastoral y si es todo lo contrario, nos falta esa bendita segunda obra de gracia, de la que tanto predicamos y cantamos y debemos volver a releer la Biblia, a Wesley, si es que en realidad nos identificamos como adalides del movimiento de santidad y mas aun como nazarenos. No espero que  estén de acuerdo conmigo aquellos que tendrán la oportunidad de leer este ensayo, pero sí quisiera que con sus escritos y su crítica aporten al diálogo para enriquecer más este tema y plantear alternativas concretas para una pastoral más excelente y con reconocimiento social. Si este sucede este ensayo habrá cumplido su propósito.

Concluyo, con la frase que perennizó Lutero en la dieta de Worms, cuando el emperador Carlos V, le dijo que se retractara de sus postulados: “No puedo ni debo retractarme, Dios me ayude”

En fin, queda en nosotros desafiar a la nueva generación  de nazarenos no a cambiar de visión, si no a replantearlo, ser iconoclastas, el Perú nos necesita no sólo para que prediquemos el mensaje de salvación en Cristo, y la vida de santidad, sino  para que con nuestros aportes técnicos y científicos seamos una alternativa de solución  a los problemas que aqueja nuestra familia, iglesia y sociedad. Necesitamos pastores teólogos y técnicos así como pastores que impulsen un  “pensamiento social”  de cambio, como lo proclamó Jesús, Wesley, Diego Tompson, Francisco de Paula Gonzales Vigil, Jhon Mackay, Juan Ritchie, y como lo están haciendo Samuel Escobar, René Padilla, Wilfredo Canales, Tomás Gutiérrez, entre otros, por ello hay que prepararnos mejor, espiritualmente, teológicamente y técnicamente, estimados colegas y jóvenes de nuestros seminarios.


San Miguel de Piura, 8 de Enero del 2010.


Reverendo. “Pastor Gildo”
Pastor de la Iglesia del Nazareno de la Ciudad de Castilla.


Notas:


     1.        Ps. Daniel Córdova en .la ponencia: Dios de Justicia y Paz. Encuentro de Pastores sobre el papel  del Conep. pág. 4.
     2.        Salmo 85:10; Biblia Reina Valera 1995
     3.        Martínez, José M. en Curso de formación Teológica Evangélica Vol. XI – 1, Ministros de Jesucristo, pág. 76
     4.        Tomás Gutiérrez Sánchez en: Evangélicos, Democracia y Nueva Sociedad pág.2
     5.        Mateo Lelievre en: Juan Wesley Su vida y su Obra,  Pág. 26
     6.        Ismael E. Amaya, Teología Biblia y Evangelismo, pág., 132.
     7.        Publicación de la revista “Época” Nº 3, Lima ,1996
     8.        Jean Pierre Bastian. Protestantismos y Modernidad Latinoamericana, Historia de unas minorías  Activas en América Latina, pág.174.
     9.        Jorge Basadre, La Promesa de la Vida Peruana y semblanza de Mariátegui y Rumi Maqui, pág. 89.